Un regalo
Se publica aquí un obsequio para nuestros lectores: una historia escrita por la autora.
   
     
 

PROBLEMAS DE POLLOS

de
Eliana Ladrón de Guevara


Un día de verano, cuando despuntaba el sol detrás de las montañas, mamá gallina vio nacer a sus cinco pollitos. Salieron del cascarón con las plumas mojadas y pegadas al cuerpo, pero a los quince minutos parecían pompones esponjosos; corriendo y picoteando donde mamá gallina les escarbaba la tierra buscando comida. Caminar, comer y piar eso hacen los pollitos a los quince minutos de nacidos.
- Pío, pío... , pi, pi, pi, decían y luego se cobijaban bajo las alas de la mamá para dormir.
Mamá gallina observaba a sus hijos, los miraba con cariño y no tardó en darse cuenta de que el que había nacido tercero... ¡no piaba! De vez en cuando decía pi, pi, pi para demostrar satisfacción porque, aunque no lo crean, era un pollo feliz. Preocupada, lo llevó donde la gallina con más experiencia que ella conocía, buscando remedio para el problema que afectaba a su hijo.
- Señora, -dijo- el problema que lo aqueja no es grave y tiene solución. Todos los días tiene que dedicarle una hora y repetir los ejercicios que le voy a dar. Este es un trabajo largo y necesita mucha paciencia.
Así fue como todos los días mamá gallina estudiaba con su pollito y él repetía los ejercicios que la gallina experimentada le había recomendado:
- P - i - o- decía la mamá.
- P...p...i...o- decía el pollito.
- P - i - o- repetía la mamá.
Y en ocasiones el pollito se equivocaba.
- ¿P...o...i...?
Así pasaban los días y mamá gallina le enseñaba a su pollo a piar. Tras dos meses de duros ensayos, finalmente se oyeron los resultados; y cuando el pequeño era ya un adolescente, porque en las aves el tiempo pasa así de rápido, podía decir:
- Qui, qui, qui y co, co, co - fluidamente. Para la mamá gallina este acontecimiento era muy importante porque cuando su hijo fuera gallo, y no faltaba mucho para eso, podría cantar sin problemas.
Y llegó el esperado día. Aún no salía el sol, pero se anunciaba con la claridad que lo precede. Mamá gallina y cuatro de sus hijos, todos gallos y gallinas ya, miraban expectantes hacia la copa de un alto nogal. Todos observaban al pollo que ya era un gallo e inflaba sus pulmones con el fresco aire de la mañana para entonar su canto que despertaría, de ese día en adelante, a todo el vecindario.


FIN