Después de haber dado a conocer sucesivamente "Nereo"
y "Operación Luciérnaga", relatos
para niños más pequeños, nos entrega
ahora "El último ona" (Ediciones SM,
2004), libro que, por su estructura y sus destinatarios,
me parece que corresponde calificar como novela juvenil.
En su elaboración, ha acometido, con mucha seriedad
y excelente resultado, dos diferentes y delicadas actividades,
cuyos frutos se reflejan en un conjunto muy armonioso:
la investigación histórica y la. creación
de una ficción enmarcada en ella.
En efecto, durante varios años Eliana estudió
el ambiente para su obra internándose en la vida
y costumbres de uno de nuestros pueblos aborígenes
australes: los selknam, más conocidos como onas.
Su cultura, más desarrollada de lo que pudiera
creerse, se caracterizaba por la riqueza de la vida espiritual.
En ese marco, admiraban a los que conocían y desempeñaban
actividades religiosas e intelectuales. Entre estos destacaban
los chamanes, sabios, adivinos y médicos. Los chamanes
eran los guías espirituales de su comunidad. Una
solemne y prolongada ceremonia periódica, denominada
jain, consagraba el ingreso de los miembros varones a
la adultez y su compenetración en los misterios
de la cultura de su etnia.
Sobre ese fondo, cuidadosamente reconstruido, Eliana Ladrón
de Guevara da vida a los personajes que encarnan la acción
de su dinámica y bien concebida novela, despliega
la imponente naturaleza en que se mueven y reanima su
mundo poblado de espíritus y fantasmas.

La
historia
En
ella, crea un protagonista, Jaro, que hará su iniciación
a través del jain y que, como expresión
del profundo cambio interior que éste significa,
pasará a adquirir, a modo de una nueva identidad
el nombre de Selcha.
No solamente manifestará su incorporación
a la adultez uniendo su existencia a su amada Minkiol,
a quien había raptado un indígena de otra
tribu -Coshtelen-, sino que se sentirá llamado
a la misión de suceder a Hala como chamán
y médico de su pueblo, tarea en la cual -según
se le revela tanto de parte del propio Hala como en sueños-
deberá enfrentar un gran peligro que se cierne
en el futuro sobre su comunidad. Selcha inicia un largo
viaje (tanto exterior como, sobre todo, interior) para
descubrir ese peligro, el cual se hace presente durante
su ausencia en forma de una epidemia que provoca muchas
muertes, entre ellas la de Minkiol y del hijo que esperaba
de él.
Esta crisis vuelve a entroncar la ficción novelesca
en la historia real, toda vez que trasunta la extinción
que progresivamente afectó al pueblo selknam desde
fines del siglo XIX y comienzos del XX.
El
mensaje
Pero
en la novela ese pueblo no muere definitivamente. En su
sexto y último capítulo, que ofrece un novedoso
vuelco en la cronología y en los personajes, cuatro
adolescentes chilenos, varones y mujeres, con nombres
actuales, reciben de Selcha, con quien se encuentran por
afortunada coincidencia, la invitación a conservar
viva la historia y espiritualidad de los onas, invitación
que aceptan, y, para cumplir la misión que ella
entraña, se disponen a prepararse con apoyo de
una solemne ceremonia ritual.
De esta manera, por la feliz combinación de sus
elementos, Eliana logra un conjunto del máximo
interés y sugestividad; ameno y cautivador en su
argumento; atractivo en sus personajes; de cálida
comunicatividad en su lenguaje; dinámico en su
juego de transportarnos a otros tiempos y ambientes a
la vez que haciéndonoslos sentir como actuales
y nuestros; altamente positivo en sus valores, propuestos
sin didactismo alguno que empañe su belleza artística.
También a sus lectores, como a los cuatro adolescentes
de su parte final, los invitará a disfrutar de
la fantasía y de la realidad en ella envuelta,
una y otra acertadamente representadas; a apreciar los
ingredientes constitutivos de nuestra identidad, a preservarlos
y vivirlos, y a ser no solamente espectadores pasivos
de una hermosa aventura humana sino coparticipantes activos
en la misma.
Deseamos y esperamos que tenga, por todo ello, la más
abierta acogida, y que su autora, la niña que conocí
en las entonces casi idílicas tierras de La Florida,
en la edad en que estaba para que a ella se le contaran
cuentos, nos regale muy pronto nuevos sazonados frutos
de su imaginación y de su sensibilidad.