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SEIS MANERAS DE APROVECHAR EL MÁXIMO
POTENCIAL
DE SUS HIJOS.
La mayor tarea y responsabilidad que tienen los
adultos es la de educar a los niños. Creer que porque
no se tienen, o porque ya están en edad de entrar al
colegio, exime de toda responsabilidad es un error que, a
la larga, se paga caro. En fin. En el próximo texto,
un grupo de estos profesionales en Estados Unidos, a fines
de los '90, nos cuentan sus experiencias personales en relación
a motivar y lograr el mejor rendimiento de sus alumnos, las
mejores formas para desarrollar el talento y la personalidad
de los pequeños a su cargo, en forma positiva y enriquecedora.
El paso de los años no ha hecho sino confirmar que
algunas actitudes y prácticas, mantenidas en el tiempo,
trae, como consecuencia, la obtención de excelentes
resultados.
Sharon
Draper, ganadora en 1997 del premio Mejor Maestro del Año,
recomienda a los padres establecer contacto con el maestro
al empezar el año escolar. 'Así, los padres
podrán conocer las expectativas del profesor, y éste,
el entorno familiar. El niño verá un frente
unido", explica.
En
un gran número de estudios se ha confirmado la relación
entre el desempeño escolar de un niño y el interés
y la participación de los padres en su educación,
sin importar el grado de escolaridad de éstos.
¿Qué
más puede usted hacer para ayudar a sus hijos a tener
éxito en sus estudios? He aquí algunas recomendaciones
de maestros que han destacado.
1.-
INCÚLQUELE EL AMOR AL CONOCIMIENTO.
No
basta decirles a los niños que ir a la escuela es importante.
Es preciso mostrarles que el aprendizaje no termina con una
calificación o un diploma, sino que es un estilo de
vida.
Marion Fuller es maestra en una escuela de enseñanza
media superior del barrio de Harlem, en Nueva York. Noventa
y tres por ciento de los egresados de la escuela se inscribieron
en alguna universidad en 1997.
La maestra Fuller habla del caso de Tatiana Mitchell para
ilustrar cómo el ejemplo de los padres puede servir
de inspiración a los hijos. Hace seis años,
la madre de Tatiana, Linda Mitchell, regresó a la universidad.
Trabajaba de día y estudiaba de noche para obtener
el título de maestra. " Tatiana escribió
ensayos acerca de la admiración que le inspiraba su
madre", recuerda la maestra Fuller.
Mientras algunos amigos de la muchacha desertaron de la escuela,
Tatiana se graduó en junio pasado y hoy asiste a la
universidad.
"Siempre le he dicho que la escuela es sólo el
comienzo del aprendizaje", dice su madre. "Creo
que lo que hice fue un buen ejemplo para ella".
No se requiere una gran cantidad de dinero para fomentar el
amor al aprendizaje. "Procure que sus hijos lo vean leer
con regularidad, y vaya con ellos a museos y al teatro".
dice Marion Fuller. "No es necesario que compre siempre
boletos de primera fila".
2.-
UNA LA ACCIÓN A LA PALABRA.
Cuando Edmundo Braly, cirujano bucal, asistió a una
reunión de padres y maestros en la escuela de enseñanza
media de su hijo, Brett, la maestra de ciencias lo llamó
aparte y le dijo que su presencia era necesaria en el salón
de clases. Imparto una clase de microbiología, así
que le pedí al doctor Braly que viniera a hablamos
sobre cómo se esparcen los virus y las bacterias, dice
Betsy Mabry.
Animado por el entusiasmo de la maestra Mabry, Braly no se
limitó a hablar: les pidió a los chicos que
recogieran muestras de sus cepillos de dientes, crema para
los labios y cortaúñas, y las puso en sendas
cajas de Petri. Cultivó las muestras y luego las llevó
a la escuela para mostrarles a los muchachos las bacterias
que se habían desarrollado en cada caja.
El experimento produjo algo más que bacterias: acercó
a Braly a su hijo, y ayudó a Brett a ver la ciencia
desde una perspectiva nueva. "Se dio cuenta de que lo
que hace su padre era interesante", dice la maestra,
riendo. "Los padres deben participar en las actividades
escolares de sus hijos", recomienda Mabry. "Eso
les demuestra a los niños que los padres verdaderamente
se interesan en lo que ellos hacen. Una cosa es decirlo, y
otra, unir la acción a la palabra".
No es necesario tener un talento especial ni mucho tiempo
libre para estar en condiciones de ofrecer algo a la escuela.
La mayoría de los maestros agradecen la ayuda de los
padres para acompañar a los niños en algún
viaje de campo, llamar a otros padres para informarles de
las actividades en puerta, o mecanografiar algún documento
especial. Pregúntele al maestro de su hijo en qué
forma puede usted ayudar.
3.-
ENSEÑE A SUS HIJOS A ORGANIZARSE
Prepare
con ellos un programa de trabajo y anote todas las tareas
en un calendario para ayudarlos a establecer un ritmo y planear
con antelación. Enséñeles a dividir un
trabajo en partes manejables. "El niño puede creer
que no tiene tarea porque no debe entregar nada al día
siguiente, cuando en realidad debería empezar a redactar
un trabajo importante que le pidieron para dentro de una semana
", dice Marion Fuller.
Es muy importante no olvidar las necesidades especiales que
tienen los niños mayores: "Los chicos que empiezan
la enseñanza media suelen ser muy desorganizados debido
a todo lo que les está sucediendo al mismo tiempo en
los ámbitos físico, emocional y académico".
Amanda, de 14 años, tenía dificultad para organizar
sus tareas. Cuando debía entregar un trabajo, muchas
veces no lo encontraba. A sus padres, no les extrañó
que un maestro les dijera: "Es buena estudiante, pero
supongo que su mayor problema es encontrar las cosas".
Amanda y sus padres se pusieron a pensar y dieron con una
solución: que Amanda usara un solo cuaderno para todas
sus tareas en vez de uno para cada asignatura, como lo había
venido haciendo. Además, recurriría a la computadora
para hacer su tarea siempre que fuera posible. "De este
modo, si pierde las hojas impresas, todavía tiene el
trabajo en el disco", señala Lynn. "Éstas
son soluciones sencillas, pero han dado excelentes resultados".
4.-
LAS COMIDAS FAMILIARES SON IMPORTANTES
"Creo
que lo más urgente es dedicar tiempo a los hijos",
asegura Gina Rau, maestra de niños de seis a ocho años
en una escuela primaria.
Las investigaciones han revelado la importancia de las comidas
familiares.
En 1987 Diana Beals, profesora adjunta de pedagogía
en la Universidad Washington de Saint Louis, Missouri, y sus
colegas de la Escuela Harvard de Posgrado en Pedagogía
emprendieron un estudio de 83 chiquillos de tres años
provenientes de familias de bajos recursos.
Los
investigadores descubrieron que los niños cuyas familias
se reúnen para comer suelen aprender a leer más
rápido. 'Cuantos más relatos o explicaciones
escuchan los niños durante las comidas, más
amplio es su vocabulario". explica Diana.
"Y
la amplitud del vocabulario es uno de los factores más
determinantes de la capacidad de leer".
5.-
EL PROCESO ES TAN IMPORTANTE COMO EL RESULTADO
Un
niño del grupo de segundo grado de Julia Ferriss se
estaba esforzando mucho para aprender a leer. Su madre, que
no estaba conforme con sus progresos, lo ponía a prueba
todas las noches.
Ferriss le recomendó a la mujer que creara para su
hijo entorno de aprendizaje "sin riesgos". "Le
dije que si le permitía al niño leer en voz
alta sin presionarlo; si lo dejaba disfrutar del lenguaje,
llegaría el día en que él empezaría
a leer por su cuenta", dice la maestra Ferriss. "Y
eso, felizmente para todos, sucedió este año".
Muchas veces los padres se fijan únicamente en la calificación.
"Si su hijo saca excelentes calificaciones pero no atina
a explicar cómo las obtuvo, el aprendizaje no ha constituido
un proceso completo", explica Julie Ferriss.
Betsy Mabry recomienda que, cuando los chicos pidan ayuda,
los padres les proporcionen las herramientas para encontrar
las respuestas por sí mismos. En vez de darle la respuesta
ínstelo a buscarla por sus propios medios.
"Las malas calificaciones deben verse como señales
de que es necesario hablar con el niño", dice
Fuller. "¿Qué lo está retrasando?
¿Necesita clases particulares, o es sólo que
no ha estado trabajando en clase?"
Cuando la reconocida educadora Marva Collins, directora de
la Escuela Preparatoria Marva Collins, empezó a impartir
clases a niños de barrios pobres en 1959, descubrió
lo poco que se esperaba de ellos. Indignada, fundó
su propia escuela, basada en el principio de que cualquier
niño puede ser un buen estudiante si se espera mucho
de él.
Los resultados que obtuvo asombraron a la comunidad escolar.
Sus alumnos de segundo grado leen a Sófocles, Longfellow
y Kipling; los de tercero estudian latín y leen a Tolstoi
y a Chaucer, y todos leen un poco de Shakespeare.
La profesora proviene de una familia de altas miras. Cuando
era niña, en tiempos de la Depresión en Alabama,
estado donde se discriminaba a los negros, su madre le decía
todas las mañanas:
-¡No se te olvide que eres una Nettles! Y todos los
Nettles son triunfadores.
"Cuando me marché a la universidad, mamá
me enviaba tarjetas postales que empezaban con esas mismas
palabras", dice la profesora. "El mensaje se me
quedó grabado en la mente, y todavía hoy lo
oigo dentro de mí".
La profesora dice que las altas expectativas de sus padres
le dieron una razón para trabajar con ahínco
y alcanzar el éxito. "No se puede ir a Nueva York
con un mapa de Mississippi.
Los niños tienen que saber a dónde van. Necesitan
un mapa mental".
Una manera de alentar a los niños a pensar en su futuro
es establecer objetivos familiares.
Collins les pide a los padres de sus alumnos que escriban
una declaración de propósitos sobre lo que piensan
lograr como familia en el año. Posteriormente ella
pega las declaraciones en un tablero. 'Al entrar en el plantel
casi se respira el espíritu de excelencia".
La maestra Collins también ha manifestado sus propósitos
en una declaración escrita: "Mi misión
como maestra es no dejar atrás a ningún niño.
Volveré buenos a los malos estudiantes, y excelentes
a los buenos".
Publicado
en Selecciones del Reader's Digest, noviembre de 1998.
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